4. oct., 2017

UN NIÑO REZA

P. José Kentenich

(Milwaukee, 1963 en «Cómo Hablar con Dios»)

 

Hace algunos años, se escribió mucho, en la prensa francesa y alemana, sobre un niño de siete años y de quien se decía que había muerto santamente. También se destacaba la sencillez con que rezaba. Les leeré, brevemente, una de sus oraciones. Lo hago para despertar un poco nuestra alma y remover en parte los escombros que cubren nuestro corazón. Escuchemos su oración:

  “Querido Dios, quiero ser aplicado todos los días. Tengo que ser aplicado cada día, porque cada día te recibo en mi corazón".

 El niño expresa sus preocupaciones personales. Son pequeñas preocupaciones que no van mucho más allá del propio yo.

  “Pero no consigo acabar todas las tareas y todavía hago muchas faltas de ortografía".

 Vemos cómo es algo enteramente espontáneo. Habla de sus inquietudes personales. No piensa en las cosas en las cuales tal vez nosotros pensaríamos como adultos.

 “Pero quiero esforzarme, querido Dios, querido Señor, para que veas mis progresos. Te quiero, Jesús, de todo corazón. En casa, querido Señor, casi no me porto mal".

 Esta es también una observación interesante, honesta. Esta conversación espontánea es el tono originario del alma cristiana. El niño habla así sólo con su papá o con su mamá… ¡También con su querido Dios!

  “Pero papá a veces se enoja conmigo"

 ¡Totalmente fiel a la verdad! ¡El Padre Dios debe saberlo todo! ¡Antes no lo sabía… tiene que saberlo ahora!

  “Papá a veces se enoja conmigo, porque me levanto demasiadas veces durante la comida, sin pedir permiso, y porque me peleo con Olga".

 Toda su vida se refleja en este intercambio amoroso con Dios. ¡Son todas las preocupaciones personales las que se conversan con Dios!

  “Jesús, yo sigo queriéndote y también quiero a tu Madre. Pero no sé si Tú me quieres, porque cometo muchas faltas. Por eso, en realidad, no puedes quererme mucho. No siempre hago caso cuando me dicen que deje a Olga en paz y no pelee más con ella".

 ¡Inquietudes personales del niño!

  “Una vez, incluso, nos golpeamos un poco, pero no lo haré nunca más, querido Señor, te lo prometo. Soy más flojo que una marmota".

 La sabiduría del niño: " soy más flojo que una marmota”…

  “Y  a menudo pongo cara de asco cuando tengo que aprenderme los verbos".

 Trigo y paja, todo revuelto, tal y como el niño lo siente.

  “A veces discuto con la profesora y me pongo porfiado si debo comer pescado o tomar sopa".

 ¡Lo he notado en mí mismo… Pequeños problemas de niños!

 “Pero quiero mejorar en serio, para que Tú, querido Niño Jesús, te alegres cuando me veas comulgar cada mañana".

 En ese mismo estilo siguen otras de sus oraciones.

 ¿Entendemos ahora lo que significa rezar en forma personal? Lo repito: nuestro ámbito de intereses cambia con el tiempo; llegará un momento en que no será el propio yo lo que esté en el centro de mis intereses, sino la gloria de Dios. Llegará el momento en que me preocuparán especialmente las personas: la relación con el cónyuge o con las personas en mi hogar, con mis compañeros de trabajo… Entonces, todo lo que interiormente siento, experimento o deseo en relación a ellos, se lo digo a Dios en forma sencilla e ingenua. Esto presupone, lógicamente, que Él exista para mí en forma personal. No puedo decir algo al vacío, como muchas veces sucede en nuestra oración. Decimos algo, gritamos algo al vacío y, por supuesto, no recibimos ningún eco. ¡Debemos hablar con Dios en forma personal!