6. oct., 2017

DETRÁS DE TODO ESTÁ DIOS

P. José Kentenich

(Ennabeuren, 26 de Abril de 1945. “Nuestra Misión Mariana” )

 

Estábamos muy preocupados por el rumbo que tomaría nuestro futuro. ¡Qué descobijamiento, qué inseguridad vivimos en Dachau! ¡Cuántas preocupaciones día y noche! Y sin embargo, nuestra mayor preocupación era estar despreocupados, con una confianza ilimitada en el cuidado paternal de Dios (alusión al tiempo que permaneció en el campo de concentración Nazi).

¿Por qué queremos y tenemos que estar también nosotros tan infinitamente despreocupados en la situación actual? Porque sabemos que el Padre del cielo cuida de nosotros. Jesús nos anunció con palabras y obras que el Padre del cielo cuida de nosotros: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). San Pablo no se cansa de decir: el Padre nos ha enviado a su Hijo para que muriera por nosotros, para que nos salvara y nos hiciera bienaventurados. ¡Dilexit me! Él me ama personalmente, me quiere personalmente a través de su Hijo.

Cada uno de nosotros puede pensar y hablar de ese modo: Dios, el Padre del cielo, me quiere. ¡Él me ha regalado también a mí a su Hijo, y, de lo más grande que podía regalarme, me lo ha regalado todo! Me ha regalado la vida, la salud, a los míos, mis bienes. Él sabe lo que es bueno para mí y me lo da. A menudo nosotros, hombres modernos, ya no tenemos más un sentido para percibir estos bienes como expresión del amor paternal de Dios, que para San Pablo significaba todo. Nuestra disposición de ánimo es demasiado terrena. Lo vemos todo en la superficialidad del primer plano, hemos perdido la visión de la realidad de los poderes del más allá. Hay poderes que no son de esta tierra que son enemigos mortales de nuestra alma y de nuestra salvación. Sólo podemos explicar el acontecer del mundo actual si reconocemos la existencia de estos poderes y potestades. El demonio ronda. Está ahí. Lo habíamos olvidado, por eso ya no entendíamos más qué grandes son los bienes de la salvación que el Padre del cielo nos regala por medio de su Hijo. Por eso se tiene hoy tan poco sentido para captar la gracia de la salvación.

Abrimos ahora el libro de nuestra vida y leemos también ahí qué es lo que ha escrito el amor y cuidado paternal de Dios. “El antiguo Dios vive todavía”. ¿Lo ha demostrado Dios realmente en la historia de mi propia vida personal, en la vida de mi familia? ¿Ha demostrado allí que Él es el Amor? Cuando una madre se prepara para la llegada de su hijo, ¿no prepara acaso todo cuidadosamente para el hijo de su corazón? ¿Y acaso el Padre del cielo no ha tomado también desde el comienzo y de la mejor manera las previsiones para mí, el hijo de su corazón? ¿Cómo se han expresado su amor y su cuidado? ¿Ha intervenido Él realmente? ¿Es Él realmente Padre, el que me trata y me protege como a la niña de sus ojos? ¿No ha obrado maravillas también para mí y para mi familia? Nunca podremos reflexionar con suficiente frecuencia sobre esta realidad.

Acudimos a menudo a recibir la santa comunión. Pero tenemos que vivir también a partir de Cristo. Tenemos que tener un sentido para percibir el amor de Dios hacia nosotros. Hoy en día no tenemos mucho tiempo para leer libros sobre el amor paternal de Dios. Pero hay un libro que está siempre allí, siempre abierto: nuestra vida y la naturaleza. San Nicolás de Flue extrajo y bebió su ardiente amor a Dios de ese libro de su vida ydel mundo que lo rodea. También nosotros, hombres y mujeres, tenemos que reconocer muchas más cosas a partir de la lectura de ese libro del amor y del cuidado paternal de Dios.

Detrás de todos los acontecimientos de nuestra vida se esconde Dios, concretamente el amor de Dios ysu cuidado paternal. Podrá tratarse de la ocupación militar que acabamos de sufrir (alusión a la toma de la ciudad que acababan de hacer las tropas aliadas), de la muerte de nuestros seres queridos, de una flor, de un pajarito o del amanecer, de vivencias llenas de alegría o de acontecimientos llenos de dolor. Por encima de todo eso está el amor de Dios y su cuidado por nosotros. Lamentablemente, a menudo no vemos a Dios de inmediato. Tenemos que colocar una escalera para el entendimiento y el corazón y ascender por ella.