6. oct., 2017

PONER UNA ESCALERA HACIA DIOS

P. José Kentenich

(Ennabeuren, 26 de Abril de 1945. “Nuestra Misión Mariana” )

 

Tenemos que colocar una escalera para el entendimiento y el corazón y ascender por ella hacia Dios. La escalera para el entendimiento nos dice: nada es casual. Dios dispone todo, conduce todo, permite todo. El está detrás y por encima de todo. Dios está en la cúspide de los acontecimientos. Por supuesto, no debemos quedarnos ahí. También los demonios lo saben y no por eso son piadosos. Por eso, tenemos que colocar la escalera también para nuestro corazón, es decir que a Dios, hacia quien ascendemos por la escalera de nuestro entendimiento, tenemos que regalarle también nuestro corazón. Tenemos que corresponder al amor de Dios en nuestra oración, en nuestro trabajo, en nuestros sacrificios. Tenemos que vivir con Dios, para Dios, por amor a Dios.

Les hago un pedido cordial: colocad la escalera cada noche. No penséis solamente en vuestros pecados. Ved el amor de Dios en la cúspide de todos los acontecimientos y vivencias del día. Esta es una piedad práctica para todos, es santidad de la vida diaria. Comenzad esta misma noche y pensad: ¿dónde me salió Dios hoy al encuentro? ¿Dónde me saludó? ¿Dónde fue bueno conmigo? Eso tenéis que meditarlo cada noche antes de dormir. Entonces descubriréis de forma cada vez mayor el mar infinito del amor, del cuidado paternal y de las misericordias de Dios. De ese modo aprenderéis a dar gracias. Esto último lo hemos olvidado por completo. Tenemos que ser mucho, mucho más agradecidos con Dios. Para eso tenemos que educarnos. ¿No somos casi como los bueyes y las vacas, que, uncidos al arado, miran siempre solamente hacia abajo? Tenemos que hacer como las aves, que, al beber, después de cada gotita echa la cabeza, la mirada hacia arriba.

Eucaristía: ¡actitud fundamental de nuestra piedad y de nuestra vida! Tenemos que prestar mucho más atención que hasta ahora a los beneficios que Dios nos da y agradecerle de corazón por ello. Entonces despuntará en nuestro interior un mundo totalmente nuevo.

A menudo pensamos que nuestra vida está malograda, que es una única confusión, un caótico embrollo. Nuestra vida puede compararse con un tapiz que todavía se está tejiendo. ¡Qué enredo de hilos aparece por el revés! Pero qué hermoso es el tapiz si se lo da vuelta al derecho, Así es también con nuestra vida aquí en la tierra. ¡Qué enredo! En el cielo veremos después el otro lado, el derecho. Esto constituye una parte de la bienaventuranza del cielo. Pero un poquito de esa alegría del cielo podemos disfrutar y se nos concede ya aquí en la tierra, si aprendemos a colocar la escalera y a ver detrás y por encima de todas las cosas el amor y el cuidado paternal de Dios, a considerar y admirar las disposiciones de Dios.

Todo en nuestra vida, también la cruz y el sufrimiento, no es otra cosa más que un saludo del amor de Dios. Puesto que los hombres andamos a menudo sólo como los bueyes y las vacas, Dios utiliza con frecuencia sus medios para hacernos elevar la mirada y atraer nuestra atención hacia Él. Así quiere Dios llamar nuestra atención hacia Él también en el sufrimiento actual. A menudo olvidamos a Dios en la felicidad. El trueno del dolor nos despierta de nuevo para Él. El hombre actual está insensibilizado para el lenguaje habitual del amor de Dios. Por eso nos han sucedido tantas cosas extremas (alusión a la Segunda Guerra Mundial). A través del sufrimiento, muchos regresan a Dios.

Dios es mi Padre. Eso es lo que muestra el libro de mi vida. Los teólogos dicen: el que quiera llegar a ser santo, tiene que hacer cada día una meditación. Algunos tienen libros para prepararse y tiempo para realizarla. Todo eso está muy bien. Pero mucho más importante es otra cosa, leer el libro de la propia vida ydel mundo que lo rodea, meditar sobre la base de ese libro. En la lectura de todos los acontecimientos, de la alegría y del dolor, tenemos que encontrar el amor de Dios yagradecérselo de corazón.

Tras una granizada dijo una vez un campesino en Suiza:  «Es asunto del buen Dios; Él sabrá para qué fue bueno esto». Decidlo a menudo en vuestra vida, esté donde esté y haga lo que haga, Dios, mi Padre, me está mirando. Dios me quiere, también en el sufrimiento. Constantemente soy objeto del amor paternal de Dios. Soy la niña de los ojos de Dios. Mi mayor preocupación: ¡estar infinitamente despreocupado! Él tiene el cetro en sus manos. ¡Sí Padre! Dios escultor, golpea. Soy tu hijo, y Tú lo haces todo bien. Nadie entiende las dificultades de la propia vida si no piensa y vive de este modo.