6. oct., 2017

UN SÍ ALEGRE A DIOS

P. José Kentenich

(Ennabeuren, 27 de Abril de 1945. “Nuestra Misión Mariana” )

 

Tenemos que reiterar siempre la verdad que dice: “Dios es Padre, Dios es bueno, bueno es todo lo que Él hace”.  Queremos decir un sí alegre y optimista a todos los planes del amor de Dios. No era para nada mi intención hablar tan extensamente sobre este punto, permanecer tanto en él. Ya hace cuatro días que nos ocupa esta verdad: Dios es Padre, Dios es bueno, bueno es todo lo que Él hace. Esta frase no tiene que ser sólo un lema para el día, sino la consigna para toda nuestra vida. Siempre y en todas partes tenemos que decir un sí optimista y alegre también a los detalles más difíciles del plan de vida que Dios en su amor paternal ha diseñado para nosotros.

¿Por qué me he sentido urgido a hablar tan largamente sobre esta verdad y sobre sus consecuencias? Porque tenemos mucha necesidad de ella, porque todos nos hemos quedado en el nivel de principiantes en la lectura del libro de la sabiduría y del amor eternos, tal como se revelan en nuestra vida. En la Sagrada Escritura leemos acerca del reproche que Jesucristo tiene que hacerle a sus oyentes, que viven en medio del mundo: “Sabéis leer los signos del cielo, pero no entendéis los signos del acontecer mundial” (cf. Lc 12,56). Los planes de sabiduría y de amor de Dios son llevados a cabo en el acontecer mundial y también en nuestra propia, pequeña vida. Y nosotros nos quedamos deletreando como principiantes el contenido de ese libro de la vida. Vamos por la vida como los animales, con la cabeza hacia abajo. ¡Sursum corda! ¡Hacia el cielo!

Tenemos que salir del estado de principiantes y entrar en la escuela superior del amor de Dios. El libro de mi vida no es otra cosa que un libro de la sabiduría y del amor divino. Muchas cosas sólo las entenderé del todo en la eternidad. Pero aquí puedo recuperar todavía muchísimos aspectos que han quedado desatendidos. Se trata al mismo tiempo de una preparación para dominar nuevos y difíciles sufrimientos.

La idea-guía de esta semana es: lectura del libro de la vida escrito por Dios, decir un sí alegre y optimista a los planes de amor de Dios. Para acostumbrarnos cada vez mejor, tenemos que recordar las razones que nos mueven de modo que podamos decir ese sí alegre y optimista,

El que hace y lleva a cabo esos planes es un Padre. El nos muestra su amor paternal y cuidadoso en su Hijo, en la Sagrada Escritura y en el libro de nuestra vida personal. Todo lo que sucede durante el día y la semana ha sido previsto por el amor de Dios ya desde la eternidad. Cada noche queremos meditar para degustar dónde nos salió Dios al encuentro y dónde Él fue bueno con nosotros. En la teoría está todo muy claro: “Dios es Padre, Dios es bueno, bueno es todo lo que Él hace”, pero para realizarlo está toda la vida.

Al recibir la santa comunión queremos reflexionar dónde nos ha demostrado Dios hasta ahora su amor. Ya desde hace muchos años hablamos de esto: el libro de nuestra vida es un libro del amor de Dios. Pero tenemos que practicar mucho más esta verdad, comprobar y degustar, prever y pregustar constantemente las misericordias y las muestras de amor de Dios. Yo lo hice en Dachau con los sacerdotes todas las noches durante un año y medio: coloqué la escalera, medité las cosas habituales y cotidianas a la luz del amor de Dios. Esta es una piedad sólida. Así conducía las almas san Francisco de Sales. El sacó la piedad y la santidad del convento y las implantó en el mundo. También el soldado yel hombre de campo tienen que llegar a ser santos en su profesión. También san Ignacio de Loyola lo enseñó y vivió: Dios lo quiere…

Buscar a Dios, encontrar a Dios, amar a Dios en todas las cosas, en todos los acontecimientos, en todas las personas. Y eso rige también para nosotros. No debemos ser bueyes. ¡Sursum corda! ¡Hacia el cielo!