6. oct., 2017

UN SANTO TRISTE, UN TRISTE SANTO

P. José Kentenich

(Ennabeuren, 27 de Abril de 1945. “Nuestra Misión Mariana” )

 

Tengo un poema compuesto en un tiempo sumamente difícil por el que tuvimos que pasar en Dachau. Era la época de una gran epidemia de tifus. Morían uno tras otro. Nadie sabía cuándo le tocaba, y, sin embargo:

¿Conoces aquella tierra transida de alegría...
— ¿cómo alegrarse donde morían tantos? —
porque en ella el Sol nunca tiene ocaso...
—todo era oscuro y negro—
donde los corazones viven en el reposo
por la posesión de los bienes eternos...

Esto es lo que necesitamos: un cristianismo alegre, no triste. Evangelio significa noticia alegre. Un santo triste es un triste santo. Un cristiano triste es un triste cristiano. Un hombre triste es un triste hombre. Cuando a uno le va bien es fácil estar alegre. Un caballo al que le atrae la avena corre tras ella superando todo obstáculo. Pero ¿qué pasa cuando el hambre tortura, cuando oprimen la cruz y el sufrimiento? La alegría es la quietud en la posesión de un bien. ¿Qué puede ser para mí una alegría, dado el caso? ¿Qué puede darme alegría también en medio de la muerte? Ese bien es Dios. El es el Dios eterno. Si veo a Dios en todas partes, estoy siempre alegre y soy siempre afortunado. Los bienes eternos no son bienes terrenos. ¡Cuántos bienes terrenos hemos valorado y endiosado como bienes supremos! El dinero, los bienes materiales. Ahora experimentamos el derrumbe de los ídolos. (alusión a la Segunda Guerra Mundial) ¡Qué pobres nos hemos vuelto! Entonces brillan los bienes eternos: el Dios trino, Jesús, María, los santos, la gracia, la vida divina, la gloria.

Si estamos en casa en ese mundo, estamos alegres, no tememos la desgracia ni la muerte y seguimos alegres y contentos el camino. Todo lo demás lo consideramos sin sentido. Poseemos la tranquilidad absoluta: El Dios tranquilo lo tranquiliza todo, decía san Bernardo. Esta es una piedad de la vida práctica.

Santa Teresa era venerada como santa ya en tiempos de su vida. Todos observaban cómo se comportaba. En la mesa se le servían también buenos manjares: perdices. ¿Qué hace Teresa? ¿Recurre a la mortificación? ¿Piensa por vanidad en su fama de santidad? No: se pone a comer con ganas y dice: «Cuando perdices, perdices». Otro ejemplo: Teresa se encuentra invitada en algún lugar junto con san Juan de la Cruz. Es un día viernes a las tres de la tarde, cuando se conmemora la hora de la muerte de Jesús. Les sirven vino. Teresa bebe, y Juan la amonesta: “Es viernes a las tres de la tarde”. Ella no se deja apartar de su camino y dice:  “Yo pienso en la dulzura del amor divino”. Así, también nosotros tenemos que colocar la escalera en todas partes. 

 “Donde... los corazones viven en el reposo por la posesión de los bienes eternos”. ¿Dónde me salió Dios hoy al encuentro? ¿Dónde fue bueno y amoroso conmigo? ¿No podría esta pregunta constituir alguna vez nuestro examen particular, nuestro propósito particular cotidiano? Pensemos en los diez leprosos de la Sagrada Escritura. Sólo uno de ellos fue agradecido. Un cuento ruso narra la fiesta de las virtudes. La gratitud y la beneficencia se encontraron en esa fiesta por primera vez. Antes no se conocían.

El 22 de abril (1945), cuando el enemigo se encontraba inmediatamente delante de nuestro pueblo, rezamos: ¡Mater habebit curam! Y québien nos fue. Ahora no debemos decir solamente: “Esta vez tuvimos suerte”, sino que tenemos que ver detrás de todo lo bueno que hemos vivido el amor y el cuidado paternal de Dios. ¡Por eso, agradecer! tenemos que practicar también el agradecimiento.

 “Donde el amor, como una vara mágica, transforma con prontitud la tristeza en alegría”. Dios utiliza cosas pequeñas para mostrarnos su amor. Pero tenemos que verlas, tenemos que ser agradecidos. Esta es nuestra forma, la forma schoenstatiana de dominar la vida. “Mi Lucha” (libro escrito por Hitler). Yo preferiría escribir un libro sobre esta lucha: ¡Estar alegres en la posesión de los bienes eternos!

La Santísima Virgen actúa en Schoenstatt como en muchos otros lugares de gracia. Pero aquí actúa en primer lugar como Madre de gracias, y sólo en segundo lugar como Madre del pan (Madre de las necesidades materiales). A menudo no podemos entender su actuar. Pienso en la consagración de Ulm a la Santísima Virgen el 17 de diciembre de 1944, en la consagración que hicieron las parroquias San Fidel y del Espíritu Santo, en Stuttgart. A pesar de ello, no fueron preservadas, sino que experimentaron incendio y ruina. Hay muchas cosas inexplicables en la vida. No debemos calcular nunca como lo hacen los hijos de este mundo: Señor, te doy dos peniques, y tú me das a cambio mil marcos.

Cuando me consagro a María, se lo ofrezco todo. Ella sabe de mi amor. Ella me regala todo su cuidado y su amor maternal. Ella me preserva del dolor cuando Dios lo quiere, o me endulza el dolor. Si por encima y detrás de todas las cosas y acontecimientos vemos la sabiduría y el amor de Dios, estamos siempre y en todas partes alegres y contentos.