6. oct., 2017

LA MATER SUSURRA EN EL SANTUARIO

P. José Kentenich

(Madison, 13 de septiembre de 1953)

 

 Se dice que el hogar es donde el padre y la madre viven y actúan. Este es el sentido del Santuario. Aquí, así lo creemos, vive y actúa la Santísima Virgen de forma muy especial. Este es el gran acontecimiento que se ha hecho realidad con la consagración de este pequeño Santuario y con ello, la toma de posesión de este sencillo lugarcito por la Madre y Reina Tres veces Admirable de Schoenstatt.

¿Qué significa que la Santísima Virgen viva y actúe aquí, en este pequeño Santuario, de forma espe­cial?

El Obispo que consagró este santuario dijo que le había parecido oír “susurrar” aquí a la Santísima Vir­gen ¡Una expresión preciosa! La Virgen susurra aquí ¿Qué significa esto? No habla en voz alta; es una voz silenciosa, una voz que atrae, una voz muy poderosa y eficaz.

Ella nos habla y encuentra siempre la palabra adecuada a las nece­sidades, a las preocupaciones, a las alegrías que le confiamos a Ella. Eso es lo que significa que la Santísima Virgen vive y actúa aquí de forma muy especial.

Nues­tra fe sencilla nos convence que María Santísima nos escucha desde todas partes, desde cualquier sitio que nos acerquemos a Ella, en cada Iglesia o cuando saludamos cualquier imagen de la Virgen. Esto es lo que nos enseña la fe sencilla. La Madre nos mira, Ella nos habla.

Pero ahora se trata de que la Santísima Virgen susurra aquí, en el Santuario, de forma especial ¿Entienden lo que esto quiere de­cir? Cuando estamos en este lugar, cuando nos detenemos en este lugarcito y miramos a la Virgen con fe, entonces Ella sabe decirnos más cosas que en otro lugar cualquiera, Ella pronun­cia palabras más cariñosas y más eficaces que en cualquier otro lugar. La Santísima Virgen ha escogido, por tanto, este lugar para habitar aquí, para decirnos aquí y desde aquí palabras de amor, para ejer­cer desde aquí su poder.

Si soy schoenstattiano me digo: “María me puede escuchar desde cualquier lugar, pero prefiere, sin lugar a dudas, escucharme en el Santuario; bien sea físicamente o al menos espiritualmente” ¿Qué significa esto? Que si formulo una petición en unión al Santuario, entonces María susurrará con mayor rapidez, con más gusto, con más eficacia, por más tiempo.

Ella ha empezado a obrar desde su Santuario como un imán. Imagínense un imán que atrae el metal. Ella es también un imán que atrae los corazones de los hombres.

¡Y es un lugarcito tan sencillo y simple! ¿Qué es lo que atrae de él? Es cierto que su exterior es muy bonito, pero lo que más importa es que María allí tiene un poder secreto. Con su susu­rro Ella está atrayendo todo hacia sí, todo lo que de alguna manera interiormente le tiene una especial simpatía. El imán comienza a atraer personas, también a aquéllas que no cono­cen casi nada de Schoenstatt.

La expresión “de forma especial” me encanta ¿A que se refiere esto? Creo que ahora debería decirles que: la Santísima Virgen habita y actúa aquí de forma especial como Educadora. Esta palabra, Educadora, resuena en nuestros oídos y en nues­tro corazón.

Al actuar como Educadora, el efecto de su acción aquí es muy diferente al que se da en otros lugares de gracias. Como Educadora está obligada a poner en marcha nuestra autoeducación. Esto implica que si Ella debe tomar en sus manos desde aquí nuestra educación también exige nuestra colaboración. En la práctica supone que si nos apresuramos a acudir a Ella, no podemos hacerlo con las manos vacías, sino que éstas deben estar llenas con nuestros esfuerzos por autoeducarnos. Tenemos que decirle: “toma en tus manos nuestra educación. Mira nuestra buena voluntad. Ella nos anima: “Esfuérza­te primero por darme alegría y por autoeducarte. Tráeme des­pués esos pequeños intentos, y entonces yo me ocuparé de que de ti salga algo grande”.

¿Comprenden la gran diferencia? No sólo nos presentamos como meros suplicantes, sino también como obsequiadores. Eso es lo grande.

¿Han oído lo que se hace en otros países donde hay Santuarios de la Madre y Reina tres veces admirable de Schoenstatt? Los días 18 de cada mes, todos los que están vin­culados al Santuario, ofrecen sus pruebas de autoeducación. Para esto tenemos una expresión propia: “contribuciones al capital de gracias”. Con esto nos acercamos a la respuesta ¿Qué es lo que susurra? Un precioso susurro: "¡Edúcate a ti mismo!"

Había alguien muy necesitado. Se dirige a Ma­ría y le dice: “¡Muéstrame que eres mi Madre!” A lo que respondió Ella: “¡Muéstrame tú primero, que eres hijo mío!” ¿En­tienden? De pronto aparece un nuevo impulso en nuestra vida. Me pongo exigencias. No sólo pido a Dios que se preocupe por mí.

Otro ejemplo: Un día, una madre se dirigió a la profesora de su hija y le preguntó: “¿qué tal va la niña?” La profesora respondió: “Tiene mucho talento, pero ¡es lo más floja que hay!”. “Sí”, replica la ma­dre, “entonces tendré que encender una velita a la querida Virgen María”. Y, en efecto, eso es lo que hizo. Este sencillo espíritu de fe es ciertamente bonito, pero sólo en­cender una velita no hace nada ¿Qué tiene que hacer la ma­dre, qué medios tiene que usar? “¡Cooperar ella misma!” Es lo que muchas veces dice el altar del Santuario: «Nada sin Ti», pero también «nada sin nosotros».

Nosotros también tenemos que hacer algo, y algo que tenga fuerza ¿Y qué es? Autoeducarnos y traer la ofrenda de la au­toeducación a la Santísima Virgen. Entonces Ella dirá: “bien, aho­ra tomo yo la responsabilidad y me ocuparé que de ti salga algo bueno, para que llegues a ser un pequeño santo, una pequeña santa.”