12. oct., 2017

FE DE CALABAZA

P. José Kentenich

(Madison, Estados Unidos, 1953)

 

La Sagrada Escritura utiliza una vez una bella imagen para la fe en la Providencia. El Señor dice: "Si tu fe fuera tan grande como un grano de mostaza, movería montañas". (Cf. Mt 17,20). Tenemos que tomar al pie de la letra esto que dice Jesús. Me imagino una roca o una montaña y yo quiero moverla, hacerla saltar. Jesús se refería a que si quieres moverla, tienes que creer en ello. Y que si crees en ello, la montaña se moverá, se dará un “paseo” por el mar, de pronto le salen piernas…

¿Qué significa la fe del tamaño de un grano de mostaza? Un escritor alemán amplió esta imagen e hizo al respecto un pequeño verso muy bonito:

“La fe del tamaño de un grano de mostaza arroja montañas al mar.

Di, ¿qué no  haría si fuera como una calabaza?”

El granito de mostaza es muy pequeño; y mi fe siendo pequeña como un granito de mostaza, consigue hacer milagros ¡Qué pasaría si fuera como una calabaza, una fe muy grande! Naturalmente ustedes dirán que sólo es una comparación. Está claro que el querido Dios, porque yo se lo pida así no más, no va a poner pies a una roca de un día para otro para que pueda moverse y caminar ¿Qué se quiere expresar, entonces, con esta comparación? ¡Con la fe conseguirán todo lo que quieran del Señor! Pero tiene que ser una fe fuerte.

Veamos como fue esto en la historia del Movimiento de Schoenstatt. En el año 1912 yo era todavía muy joven. Era Padre espiritual en un seminario y Dios me regaló - por mi vocación - el cargo de educar a jóvenes. Fui, por tanto, educador y les enseñé a los jóvenes que debían educarse a sí mismos porque yo me decía: toda educación lleva consigo como única tarea poner en movimiento la autoeducación. Y lo hicimos durante dos años. La Madre de Dios tiene que ayudarme; si no, yo no puedo educarme y tampoco podré educar a los jóvenes y ellos tampoco podrán autoeducarse. Estaba en esto, cuando de pronto me vino a la mente una idea. ¿Cuál? ¿De qué idea se trataba? Creía importante juntarnos y pedirle a la Santísima Virgen que se estableciera en este pequeño Santuario ¡En este pequeño Santuario! ¿Saben que era antes? ¡Una bodega abandonada!

Tienen que imaginárselo. El jardinero de entonces todo lo metía allí dentro. La capillita era de la Edad Media y más tarde quedó medio cubierta de maleza y devastada, volviendo más tarde a construirse de nuevo. En el año 1914 era prácticamente un sitio abandonado.

¿Cómo era la Familia de antes? En realidad nadie podría imaginarse que de ella pudiera surgir algo importante. ¿Y la capillita? En realidad tampoco parecía que debiera o pudiera llegar a ser un punto central de un Movimiento religioso. ¿Y la comunidad de la que yo procedo, la comunidad de los Palotinos? Creo que también puedo decir esto: la comunidad de los Palotinos tampoco era nada relevante, era pequeña y desconocida. Si yo hubiera sido un jesuita y hubiese dicho: queremos hacer algo así,  humanamente hablando, hubiese sido más prometedor pues hubiese pertenecido a una comunidad muy conocida. Pero en este caso - imagínenselo -, hablando humanamente, ¡no tenía ninguna posibilidad! ¿No es cierto? Humanamente visto, ninguna. O sea:

1. El lugar en sí, una bodega abandonada;

2. El hombre, que está aquí, al que se le ocurren esas ideas tan insólitas es joven y desconocido en la vida pública.

3. Y los jóvenes, tampoco es que fueran de gran valía, la tenían tan poca como yo. Todos éramos unos ‘don nadie’.

Tengo que decirles que esto es algo que quizá no vuelvan a encontrar dos veces en toda la historia de la Iglesia: la forma en que surgió Schoenstatt.

Pero a mí me vino la idea y así lo pedimos, como mendigos: “Madre de Dios, te lo ruego: Tú y nosotros juntos. Nos sentamos y dijimos: “Madre de Dios, queremos autoeducarnos, pero no podemos hacerlo sin Ti. Ahora te pedimos: Establécete aquí y “pon en movimiento nuestra autoeducación”. Pero “no debes hacerlo sin nosotros. Queremos regalarte todo aquello que sea necesario para nuestra autoeducación, para que te establezcas aquí como Educadora.”

Imagínens que alguien se pusiera ahora delante de ustedes y se inventara un plan así. Seguramente, lo primero que dirían es que ese hombre esté loco; que le falta algún tornillo ¿O no? ¡Bien podría ser! Ahora fíjense ¿desde hace cuánto tiempo existe Schonstatt? Desde 1914 ¿Puedo ahora comprobar después de tantos años que la idea que tuvimos entonces, que en sí humanamente era una locura, fue una idea proveniente de Dios?

Siempre hemos dicho que no tuvimos ninguna visión. Yo no tuve ninguna y los jóvenes tampoco, sino que todo ha sido hecho totalmente sobre el fundamento de la fe práctica en la Divina Providencia. El buen Dios me inspiró la idea ¿Que si procede de Dios? Sí, se ha demostrado que ha salido del buen Dios.

¿Cómo lo sé? Creo que la Santísima Virgen me inspiró entonces el plan y que Ella lo ha hecho realidad a lo largo de estos años. Pero no se necesita tener una fe como una calabaza para creer esto - eso pienso al menos. La prueba es tan clara para el pensamiento humano, que no necesito en absoluto un fe heroica. Sólo preciso un poquito de razón, ni siquiera una fe como un grano de mostaza ¿Qué necesito? Esto es, mí querida Familia de Schoenstatt, lo que ustedes precisan: Conocimiento de la historia. Tengo que conocer la historia de Schoenstatt. Y si tienen un poquito de fe en la Divina Providencia, no será nada difícil creer que la Santísima Virgen se ha establecido en Schoenstatt y desde aquí quiere renovar el mundo.

Creo habérselos explicado muy sencillamente y de forma entendible. Después preguntaré quién cree. El que no crea, ¡ay de él! (risas)

Creo haberles dado ahora una respuesta sencilla y popular a la pregunta de cómo sé que la Santísima Virgen actúa en el Santuario. La respuesta dice así: por la fe práctica en la Divina Providencia. Y la Iglesia lo ha reconocido otorgando por las visitas a nuestro Santuario una gran cantidad de indulgencias. Con ello, y tras toda una serie de pruebas, ha puesto el punto final. Este es el fundamento de nuestro ser schoenstattiano y podemos decir de toda nuestra Familia de Schoenstatt.