12. oct., 2017

TRANSFORMARNOS EN OTRA MARÍA

P. José Kentenich

(1966 en «La Actualidad de María»)

 

¿Cuál es el sentido de nuestra Alianza de Amor con la Madre y Reina tres Veces Admirable de Schoenstatt? ¡Un intercambio personal recíproco! Nosotros regalamos a la Santísima Virgen nuestra sensibilidad inmadura y superficial, nuestro egoísmo. Nos regalamos con autenticidad del modo como nos experimentamos reiteradas veces en las horas silenciosas, no como nos damos hacia afuera tratando de aparecer siempre “buenos”. No, a Ella nos entregamos sin dobleces para que Ella nos transforme y a los que nos rodean. Y a cambio de ello, María nos regala su persona (...)

Si miran el contenido de Hacia el Padre, tal vez les llame la atención la siguiente estrofa de una de sus oraciones:

“Aseméjanos a Tí y enséñanos

a caminar por la vida

tal como tú lo hiciste:

fuerte y digna, sencilla y bondadosa,

repartiendo amor, paz y alegría.

En nosotros recorre nuestro tiempo

preparándolo para Cristo Jesús”.

 

Lo principal aquí es que María asume la responsabilidad de transformarnos a semejanza suya, en imágenes suyas en cuanto a la inteligencia, al corazón, a los sentimientos y a la voluntad.

Escúchenlo una  vez más: en virtud de la Alianza de Amor, que es recíproca, María asume la plena responsabilidad de que podamos reordenar cada vez más nuestras capacidades  interiores. Mejor dicho: es  Ella  la  que  reordena todo, de tal manera que podamos decir, cada vez con mayor razón: estamos en camino para transformarnos en “otra María” que se manifieste como una personalidad que atrae y cautiva en medio del tiempo actual.

 

Valdrá la pena, entonces, sellar nuestra Alianza de Amor e invocarla a partir de ahí en el futuro, una y otra vez, diciéndole ¡Tua res agitur! (¡Se trata de tu causa!). Por tanto, si percibo que a mi manera de ser le falta el equilibrio, que me falta carácter interior, le diré, entonces, una y otra vez: Tua res agitur; se trata de tu causa, tú tienes que educarme, yo realizaré, por cierto, la parte que me toca, pero tú debes hacer lo principal.

¿Y qué sucede con los mayores de entre nosotros? Aún cuando seamos tan viejos como yo lo soy actualmente, nunca se termina la tarea de autoeducarse. A través de circunstancias positivas y negativas, Dios y la Santísima Virgen habrán de seguir purificando nuestro modo de ser, nuestra inteligencia, nuestro corazón, nuestros sentimientos, nuestra voluntad, toda nuestra personalidad. Me parece que ya sólo por esta razón valdría la pena sellar la alianza de amor con la Madre y Reina tres Veces Admirable de Schoenstatt en su santuario.

Quiero detenerme  una  vez  más  en  la  idea del intercambio personal, pero lo oriento  en  otra dirección. Varias veces  hemos escuchado ya en la Sagrada  Escritura la frase: “Si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos” (Mt. 18,3). (...)

No quisiera demostrarles ahora cómo María fue, sin más, la niña de Dios Padre. Si el Señor establece la exigencia de que lleguemos a ser niños hasta la plenitud, nunca podremos realizar solos ese mandato, menos aún en el tiempo actual.  Por esa razón ¡intercambio de su persona y la nuestra! La Santísima Virgen es ambas cosas al mismo tiempo: la niña singular e insuperable, la extraordinaria hija de Dios, la figura femenina más fuerte, soberana en las horas situaciones más difíciles de la vida. Por eso nos alegramos de saber que contamos con un camino seguro y fácil, para que se manifieste en nosotros la imagen de María.