12. oct., 2017

PRESENCIA REAL

P. José Kentenich

(1937 en «Niños ante Dios» Adaptación Conf. 7)

 

Jesucristo, con todo su Ser de Hombre y todo su Ser de Dios, se hace presente en la Eucaristía, bajo las especies de pan y de vino a través del cual podemos tener un encuentro con Dios de manera privilegiada como sucede en todos los sacramentos en los que Cristo se hace realmente presente.

San Ignacio de Antioquia, un contemporáneo de los apóstoles que sufrió el martirio por amor a Cristo dice que “de la Eucaristía fluye toda la vida y la acción de la comunidad cristiana, desde la caridad hasta el martirio”. El se identificó hasta tal punto con el misterio de la Eucaristía, que poco antes de ser devorado por las fieras escribe una hermosa carta en la que dice: «...quiero ser trigo de Dios, molido por los dientes de las fieras y convertido en pan puro de Cristo».

Santo Tomás de Aquino, el gran teólogo dominico de la edad media subraya que la gracia de la Eucaristía es la «unidad del Cuerpo Místico», la comunión con Cristo y entre nosotros, la unidad del pueblo cristiano. Reconociendo que creer en el misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía no era algo fácil, se cuenta una anécdota en relación a este santo quien tenía un gran corazón de niño. Cierto día un hermano de comunidad vio que Tomás había abierto las puertas del tabernáculo y colocado literalmente toda su cabeza adentro y clamando decía: “Señor, ayúdame a creer que tú estás realmente presente aquí”.

Juan Pablo II nos dice algo muy importante respecto a los frutos o efectos de la comunión:

-        La comunión acrecienta la propia unión con Cristo.

-        La comunión separa del pecado.

-        La comunión construye la Iglesia.

-        La comunión nos compromete con los que sufren.

Presencia de Dios en el Cielo: Visión Beatífica

A la presencia de Dios en el cielo se la llama “Visión Beatífica” Beatífica viene de la palabra latina “beatificus” que significa “que da gran felicidad” y obviamente esto es lo que ocurre en el cielo pues al encontrarnos con Dios el nos regala esta felicidad plena a la que hemos aspirado durante toda nuestra vida.

Si bien Dios está presente en todas partes, no en todas partes se deja ver. Sólo en el Cielo lo veremos tal cual es y por eso la visión beatífica es algo que sólo se realizará ahí. San Pablo para aclararnos esta realidad nos dice “Ahora vemos como en un mal espejo y en forma confusa, pero entonces será cara a cara. Ahora solamente conozco en parte, pero entonces le conoceré a El como El me conoce a Mí” (1 Cor. 13, 12-13). Con esto él nos quiere señalar que habrá un día en el cual veremos a Dios cara a cara y ese será el día de nuestra máxima felicidad, el día de nuestra “beatitud”. Esta beatitud ha tenido un desarrollo en la historia de la humanidad:

-        En el Paraíso perdido: Dios creó a Adán y Eva inmaculados para que fueran padres santos de una descendencia santa; para que ellos y su descendencia gozaran eternamente de la visión beatífica de Dios. Adán y Eva gozaban de la visión beatífica en el jardín, pero la perdieron al caer en pecado [Gen. 3:13].

-        En la Tierra: Jesús gozó siempre de la visión beatífica en su naturaleza humana aun cuando estaba en su vida mortal en la tierra. El fue el único que ya aquí en la tierra podía contemplar a Dios cara a cara, pues El mismo era también Dios.

-        En el Cielo: Por los méritos de Cristo, los que van al cielo reciben el don de la Visión Beatífica. Esta comienza en el momento que el alma entra en el cielo, aun antes del juicio final, y continúa hasta la eternidad.  

El conocimiento inmediato de Dios del que gozan en el cielo los ángeles y las almas de los justos es cara a cara, sin mediación de criatura, de modo directo, clara y patentemente. Por ende, los ángeles y los justos en el cielo poseen la visión beatífica si bien los ángeles nunca la perdieron a diferencia de los hombres que la hemos recuperado gracias al sacrificio de Cristo..