12. oct., 2017

RENOVEMOS EL MUNDO

P. José Kentenich

(Adaptación Conferencia «Mi vida una historia de amor», 1952)

 

¿Para qué me creó Dios? Me creó porque quiere amarme. “Dios busca seres que amen lo que El ama y como El ama, para amarlos”.  Sí, El me quiere personalmente, me ama y quiere atraerme hacia su corazón. Podemos imaginarnos a Dios, a la Santísima Trinidad como un gran mar de amor.  Ese mar de amor se desborda en el Hombre-Dios, Jesucristo, inunda e invade la humanidad y a través de los hombres fluye a toda la creación. Hasta podríamos imaginarnos que a Dios le hubiese faltado algo en su felicidad, y que por eso me creó para poder amarme, para poder derramar en mí su amor infinito. 

El quiere amarme, no porque le signifique algún provecho sino porque quiere hacerme a mí, infinitamente feliz.  El se preocupa de que mi corazón le pertenezca y cuida de ello por medio de incontables muestras de amor en mi vida.  Si somos capaces de comprender esto y lo aceptamos convencidos, entonces nos haremos santas de la noche a la mañana.  Los santos comenzaron a ser santos en el momento en que creyeron que Dios los amaba personalmente.

Si realmente creyera: Dios me ama, entonces también yo lo amaría ilimitadamente.  ¡Soy la creación y la ocupación predilecta del Padre Celestial, del Salvador, de la querida Madre de Dios!  Entonces, también yo haré de Dios mi ocupación predilecta, el objeto de mi amor.  En la vida práctica es también así: allí donde siento que me tratan con benevolencia, que se preocupan por mí desinteresadamente, donde me encuentro con un amor verdadero, allí, naturalmente, se despierta mi amor.

¿Quién nos ayuda a descubrir que en el fondo de nuestra alma existe un gran anhelo de amor, que la capacidad de amar es la fuerza más poderosa, lo más importante de nuestro corazón?  La Madre de Dios.

¿Cómo es su corazón? Ella con su corazón amante y maternal quiere dar una respuesta a nuestra ansia de amor.  Ella quiere sellar con nosotras una Alianza de Amor, y quiere sellarla en forma original.  Ella quiere sellar con nosotras una Alianza de Amor como Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt.

La Madre de Dios eligió a Schoenstatt para dirigir desde aquí un movimiento de educación y renovación para el mundo entero.  Ella quiere vincularnos a Ella y a Dios, por medio de una Alianza de Amor. Ella quiere hacernos portadores y anunciadores de este Movimiento de Renovación Mundial.  Nuestra consagración a la Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt implica sellar esa Alianza de Amor.  Dos personas al sellar una Alianza, hacen un contrato en el que prometen entregarse algo.  Si hablamos de la Alianza de Amor, entonces significa: los dos aliados se regalan mutuamente su amor, su corazón, preocupándose el uno por el otro.

La Madre de Dios quiere sellar desde el Santuario de Schoenstatt una Alianza de Amor con nosotros a través de la cual Ella quiere regalarme su amor, la plenitud de un amor rico y poderoso, y espera que yo le regale mi amor filial y la disposición de entregarme a sus intereses.

¡Ella quiere hacerlo desde el Santuario! Desde ahí promete educarme con amor maternal y atraer hacia sí mi corazón para que también mi corazón encuentre un hogar puro en el corazón de una persona noble.  Esta persona puede ser mi novio, o mi papá o mi mamá, pero solamente para que aún más, encuentre hogar en el corazón de Dios.  ¿No es algo verdaderamente grande lo que la querida Madre de Dios nos ofrece desde nuestro Santuario? 

Desde el Santuario, la Mater quiere preocuparse por mi corazón, ciertamente también por mi cuerpo, pero lo original en Schoenstatt es que la Madre de Dios se preocupa sobre todo por el corazón de las personas; lo original es que desde nuestro Santuario quiere enseñarnos a amar ofreciéndonos aquí una escuela de amor.

Ella conquista mi corazón porque recibió de Dios la misión de educarme, de "robarme" el corazón.  "He ahí a tu Madre"; así le dijo el Salvador agonizante a San Juan y en él a todos nosotros.  "He ahí a tu hijo" así le dijo a María y con estas palabras nos confió a todos nosotros, sus miembros, a su Madre.  Por eso la Madre de Dios se esfuerza en conquistar mi corazón, por eso quiere aceptarlo y educarlo.

Nuestra consagración es una Alianza de Amor, un intercambio de corazones entre la Madre de Dios y nosotros.  Le regalamos nuestro corazón pobre, inestable, la mayoría de las veces un corazón vacío de amor y Ella, en cambio, nos dona su corazón maternal y modela el nuestro según su corazón.  Si de este modo estamos vinculados a la querida Madre de Dios, si por la consagración hemos sellado con Ella una Alianza de Amor, entonces, Ella nos enseña a comprender y a recorrer los caminos del amor del Padre Dios.

Dios hizo descender a la Madre de Dios como un lazo para que por medio de Ella lleguemos de un modo más rápido y seguro a su corazón.  La última meta de mi vida es y seguirá siendo Dios.  ¡Mi Dios y mi todo! Y hasta que no haya encontrado a Dios, hasta que no pueda descansar en su amor, mi corazón permanecerá intranquilo e insatisfecho, aún cuando tenga todas las cosas materiales necesarias.