Cómo nace el Santuario en Campanario

Pre-Historia

El Santuario de Bellavista había sido bendecido por el Padre Kentenich en 1949. En ese entonces nadie pensaba en la idea de otro santuario en Santiago. Pero con el paso de los años la ciudad se fue ampliando, muchas familias del Movimiento vivían lejos de Bellavista y pensar si no sería posible un santuario más cercano para que las nuevas generaciones pudieran tener también esa experiencia de Schoenstatt que ellos vivieron en su juventud movió a un grupo de matrimonios de la Federación de Familias en el año 1989 a anhelar seriamente un nuevo santuario. Inspirados por el entorno que rodeaba el Santuario de San Isidro en Argentina, recientemente bendecido, encontraron un terreno en la comuna Las Condes, ubicado en la calle Campanario y le dijeron a la Mater: “¡Aquí queremos un lugar para Ti!” Así empezaron a “Soñar Campanario”.  Muy pronto a este anhelo se sumaron las juventudes masculina y femenina, que con caminatas, saltando la cerca para entrar al lugar (que aún ni les pertenecía!) y enterrando medallitas, se fueron entusiasmando cada vez más con la idea del Santuario.

Pero faltaba algo importante: ¿Qué Instituto se haría responsable del santuario? La Federación de Matrimonios envió una carta a las Hermanas, a los Padres y a las Señoras de Schoenstatt solicitándoselos.  Las Señoras de Schoenstatt, una pequeña comunidad de mujeres consagradas que había llegado a Chile hace menos de 20 años, respondieron que sí. Así fue como ellas asumieron la responsabilidad por el futuro Santuario de Campanario.

Pero, como son los planes de Dios, con esta petición se unían dos fuertes corrientes de vida y de gracia. Desde hace años esta comunidad anhelaba tener un santuario que fuera “hijo” de la corriente de gracias del “Paralelo Bellavista-Stuttgart”. Las primeras Señoras de Schoenstatt  llegaron desde Stuttgart en fidelidad al Padre Fundador y a su misión del 31 de Mayo, íntimamente unida al Santuario de Bellavista. Su consigna fue: amar Bellavista, entregarse por este lugar, dejar que Dios usara su “pequeño sí” para hacer fecunda la gracia que Él había hecho brotar desde el santuario del Tercer Hito.

No imaginaron que pocos años más tarde llegarían las primeras vocaciones chilenas y pronto también de: Argentina, Brasil, Ecuador…  El anhelo por un Santuario del Paralelo creció rápidamente en la Pequeña Familia del Instituto. ¿Dónde quería Dios un trono para la Indivisa Christi en Latinoamérica? ¿En Brasil? ¿En Argentina? ¿En qué otra ciudad de Chile? ¿Un Santuario para la comunidad en el mismo terreno en Bellavista?  Solo Dios lo sabía…

Por eso, la petición formal de asumir este futuro Santuario no fue sino una respuesta de Dios que indicaba donde la Mater quería este “hijo del Paralelo”. El sí a este santuario implicaba no solo ser sus custodias y guardianas, sino asumir también en gran parte económicamente todo lo que esto implicaba: comprar el terreno, comprar la casa, construir el santuario, lograr los permisos, etc., etc. Así el Instituto Nuestra Señora de Schoenstatt asumió la responsabilidad jurídica y espiritual de este Santuario y centro de formación de la Obra de Schoenstatt al servicio de la Iglesia.

La Conquista del Santuario

Como nada en Schoenstatt se hace sin antes haber sido conquistado, empezó una hermosa y corta etapa en la que un pequeño grupo de jóvenes junto a su asesor, el Padre de Schoenstatt, José María García, algunos matrimonios y las Señoras de Schoenstatt emprendieron la conquista de este santuario. Al poco tiempo, se sumaron muchas personas más.

Una anécdota: Se propuso ofrecer a la Mater 15.000 avemarías para su conquista, una cifra considerable en relación al pequeño número de “rezadores” con los que se contaba.  Finalmente se acogió la idea y se mandaron a hacer los papelitos para anotar este capital de gracias y ¡oh sorpresa! en la imprenta se equivocaron y escribieron 15.000.000 de avemarías  Así llegaron los miles de papelitos todos impresos. ¿Qué hacemos? ¡Es Imposible! Hay que borrar esos ceros de más opinaban algunos…  No… se queda así, parece que la Mater necesita nuestro capital de gracias.  Cuentan los que vivieron ese tiempo que en todo momento se estaban rezando avemarías, no había tiempo que perder, no había música en el auto, no había tiempo para otras conversaciones, rezaron y rezaron. Además se solicitaron “refuerzos internacionales” se enviaron papelitos a conventos, a colegios. ¡Todo Chile rezo por Campanario! Y no solo Chile, en muchos lugares del mundo.  El día de la bendición del Santuario se contaron las avemarías que habían llegado: ¡31 millones! Sí, no solo se logró la meta, se duplicó y sobrepasó y un número significativo: por el 31 de Mayo había surgido el anhelo por este Santuario, 31 millones de avemarías se rezaron por él. 

Esa es también la experiencia hoy, las gracias que se experimentan en este lugar son únicas. La fecundidad, la vida que surgió, la numerosa juventud, las muchas vocaciones: más de 30 jóvenes que se han decidido en Campanario a la vida sacerdotal o consagrada dan testimonio de ello.

El Santuario de Campanario tiene también el sello característico de la adoración permanente y ha estado garantizada desde sus inicios por el Instituto responsable del lugar y apoyada por laicos y peregrinos que acuden diariamente ininterrumpidamente.

La juventud, durante estos años, se ha desarrollado y crecido en torno al santuario y a la adoración. Es así como cientos de jóvenes de la juventud femenina y masculina, que participan activamente a través de grupos de vida plasman sus ideales en sus hogares, colegios y universidades y los extienden a través de su acción misionera. La juventud de Schoenstatt de Campanario fue desde los inicios la gran animadora y organizadora de las misiones de la Universidad Católica (Misión País) y  paralelamente trabajó en misiones en lugares distantes a la capital. También han sido importantes las misiones que ha iniciado y desarrollado en el extranjero: Perú, Cuba, EEUU, Portugal, Argentina, donde los jóvenes llevan vitalmente la presencia de María, con el rostro propio de la espiritualidad de Schoenstatt

El lugar cuenta con misas diarias,  retiros mensuales, confesiones, preparación a los sacramentos, charlas abiertas. También cada año se desarrollan las celebraciones litúrgicas y retiros de Semana Santa y  celebraciones del mes de María.

El santuario invita a aquellos que desean recibir formación permanente, así como a aquellos que sin pertenecer al Movimiento de Schoenstatt acuden como peregrinos al lugar.

El despliegue del Santuario

El Santuario de Schoenstatt de Campanario fue bendecido el 22 de diciembre de 1991, por el Padre de Schoenstatt cardenal Francisco Javier Errázuriz, en ese entonces Arzobispo de Santiago. En los años sucesivos  se fue ampliando interior y exteriormente. 

En 1995, se amplió la casa del Movimiento, la que cuadruplicó su espacio para acoger la vida multiforme generada en torno al santuario.

Al término de ese mismo año llegó la figura en bronce del Padre Fundador que se ubicó junto al santuario. Campanario fue el Primer Santuario de Schoenstatt en el mundo en tener una figura del Padre manifestando así que tanto su persona como el santuario ocupan un lugar central en la espiritualidad de Schoenstatt.

Las 15 estaciones del Vía Crucis en el jardín del Santuario  fueron bendecidas el 19 de octubre del año 2003, por Mons. Aldo Cavalli, Nuncio Apostólico de Chile, fue regalo del Santuario de Campanario para la celebración de los 25 años del Pontificado de S.S. Juan Pablo II

La Cruz de la Unidad Monumental, elevada frente al santuario. Fue bendecida el 13 de diciembre de 2003, es signo profético de la espiritualidad mariana de Schoenstatt, que expresa la unión indisoluble entre Cristo y María en la Obra de la Redención

Como sello culminante para el centenario sacerdotal del Padre José Kentenich en el año 2010 se ofreció como regalo la construcción de la Iglesia de Adoración Santísima Trinidad prolongación del Santuario y expresión de la profundidad trinitaria a la que lleva la Alianza de Amor con María.  La iglesia se bendijo el 16 de abril de 2011 acompañada por el lema: “Una iglesia para la Iglesia” en el espíritu del “Dilexit Ecclesiam” del Fundador.